El Hormiguero: …Y Pablo Motos hizo lo imposible con Iñaki Gabilondo

Iñaki Gabilondo se quitó el sombrero y, probablemente, todos los que estaban viendo El Hormiguero en ese momento se quitaron el sombrero. La noche del 23 de mayo Pablo Motos hizo algo mágico, excepcional, increíble, pero sobre todo, muy necesario. Aquello que te remueve por dentro y te devuelve la esperanza en la humanidad.

"Es lo más justo, lo más bonito, lo más emocionante y lo más noble que he visto hace mucho tiempo", le espetó Gabilondo a un Pablo Motos completamente emocionado. Tuvo que soltarse un poco la camisa porque había conseguido lo que pocas veces se consigue en la televisión: había conseguido que la ternura, el amor y el agradecimiento se instalaran en la pupila de todos los espectadores y, por supuesto, en el corazón.

Conocieron a un médico que había hecho más de 6.000 intervenciones de cáncer de mamá. Le hicieron una emboscada a su alrededor, contrataron un teatro, escribieron una obra. Y lo que él no sabía es que todo era para llevarle al teatro y hacer esto". Así presentaba Pablo Motos la historia de nuestro doctor José María Román, jefe de Unidad de Patología Mamaria.

José María llegó a un teatro abarrotado, con su traje y su pajarita, escoltado por sus hijos y por su mujer. Se sentó en su asiento y esperó como cualquier público que espera sin saber que entre bastidores decenas de cámaras le estaban grabando.

La obra trataba de su propia vida, la de un niño al que su padre y su abuelo le habían marcado el destino: tenía que ser médico. Pero él tenía otro sueño, él quería ser piloto. Lo que el doctor Román no sabía es que sobre el escenario, contando su vida, su historia, su Iliada estaban colegas de profesión y pacientes a las que había operado durante toda su vida, que se atrevieron, que olvidaron sus vergüenzas por él, como tantas veces hizo José María para ayudar y para salvar a los demás. Si alguien se merece algo así, ese es el doctor Román.

"¡Vuestro hermano dice que no quiere ser médico! ¿Cómo se os ocurre decirle que sea aviador?", se escuchaba sobre el escenario en una escena familiar. Y al doctor Román se levantaron los párpados. Algo extraño estaba sucediendo. Era su vida, ¿en un escenario, en una obra de teatro? Sí, doctor, sí.

"Yo ya te dije que el niño se pasaba todo el rato mirando al cielo y que cada vez que veía un avión me decía 'mira mamá ahí viene otro'. Si sabía el modelo de avió y todo", continuaba la obra, mientras José María le decía al oído a su mujer "es lo mismo que me pasó a mí".

El doctor Román, sentado en su butaca, no se lo podía creer, estaban contando su historia. "Ahora sitúense en el año 2018, porque hoy nuestro querido doctor se retira", descubría el pastel el narrador, y a escena salían algunos compañeros del hospital, que recordaban las 6.212 cirugías de cáncer de mama que había realizado para salvar a tantas y tantas mujeres.

"¿Y sabéis quién le va a echar más de menos?". Por supuesto, que sus pacientes. Mujeres que salieron al escenario con lágrimas en los ojos (como las del doctor) para recordar, para homenajear al hombre con el que habían creado "un cordón umbilical".

"Nunca crees que te va a pasar lo del cáncer de mama y cuando te pasa se te cae el mundo encima y se te cae el mundo encima..."; "Cuando alguien te salva la vida se crea un cordón umbilical tan fuerte como el que tienes con tu madre"; "En aquel momento para mí se me hundió el suelo de pensar que yo tenía una niña de 5 años y otra de 5 meses y jamás pensé que esa enfermedad tocaría mi puerta y me tocó. Fue entrando a quirófano cuando me dijo 'rubia, no llores, qué quieres oír, quieres que te ponga Shakira, y me abrazó".

Las que hablan son María, Loli, Julia... Una representación de las más de 6.000 pacientes del doctor Román. Muchas de ellas compañeras del Clínico. "Le vamos a extrañar muchísimo. Sólo falta el protagonista de esta historia".

Y a nuestro doctor le costó subir y tuvo pocas palabras, pero sólo una basto para levantar a todo el público, a todos los que había ayudado: "estoy muy emocionado" y se llevó su mano al corazón.

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